Conforme lo prevé el código procesal de la provincia, el primer acto del debate es la presentación del caso por la fiscalía y la querella, y la enunciación de su calificación legal. La fiscal Taboada acusó a los policías Díaz Pérez, Fuentes, Canale, Luis Díaz, Víctor Díaz, Diógenes Martín y Padilla por haber trasladado, recibido, ingresado y alojado en las comisarías a Pepe Alveal, en "situación mortificante", sin disponer que recibiera la atención médica necesaria, y calificó los hechos como constituvos del delito de "severidades ilegales". Una vez más, por boca del ministerio público, el esfuerzo del eufemismo para evitar llamar a las cosas por su nombre, y decir que la tortura, es tortura.
Cuando los compañeros Mariano Pedrero e Ivana Dal Bianco, abogados del CeProDH y patrocinantes de Pepe, intentaron iniciar su presentación del caso proyectando un video de un minuto para mostrar las condiciones físicas en que el joven fue detenido, uno de los defensores de los policías, personal de planta de la fuerza, se opuso, y la jueza admitió el planteo, cercenando el uso de la palabra a los querellantes e impidiéndoles encuadrar los hechos que hoy se juzgan en el marco represivo general en que ocurrieron. Pese a la arbitraria limitación, la acusación de la querella fue clara: privación ilegal de la libertad, torturas y abandono de persona. Pero claro, la jueza que dirige el debate es de competencia correccional, y no tiene facultades para aplicar penas de más de tres años de prisión.
A continuación, se preguntó a los imputados si usarían su derecho a declarar. Sólo dos de los policías, el comisario Diógenes Martín y el comisario Laureano Díaz accedieron, pero adviritendo que no responderían preguntas de la querella, así silenciada durante toda la jornada.
Tanto uno como otro se dedicaron, a lo largo de una extenuante exposición que ocupó el resto de la audiencia, a jugar al Gran Bonete. El comisario Diógenes Martín, cuya imagen aparece profusamente en los videos de la represión del 4 de abril de 2007 en Arroyito, donde fue asesinado el maestro Carlos Fuentealba, se desligó de toda responsabilidad, descargándola en su jefe, el titular de la comisaría 1ª, comisario Bellani y en su subordinado Padilla, curiosamente el único de los acusados que concurrió de uniforme, asistido por un defensor oficial. A pesar de su esfuerzo por asegurar que nunca supo que Pepe estaba gravemente herido, afirmando que lo vio totalmente normal, las contradicciones de su relato hicieron sonreir más de una vez al escaso público autorizado a entrar. El final de su larga declaración arrancó algún murmullo de indignación en la sala, donde compartían los pocos asientos disponibles Sandra Rodríguez, la compañera de Carlos Fuentealba; Gladys Rodríguez, de Zainuco; dos Madres Filial Neuquén y Alto Valle; compañeros de ATEN, APDH, Obreros y Obreras de Zanón, Sindicato de Ceramistas y María del Carmen Verdú, de CORREPI: "Yo le dí la libertad, y de eso sí me hago responsable”, dijo con voz altisonante. Y agregó: “Yo no le saqué el ojo a nadie. Hasta me acusaron de 'blandito' y de ser 'de los DDHH'”.
El comisario Laureano Díaz, jefe de personal y preventor de turno de la comisaría 18ª, no se quedó atrás en el ejercicio de lavarse las manos. Responsabilizó a su jefe, el comisario Coronado, al jefe del operativo, el general Trepat, al sargento Aravena, conveniente fallecido hace tres años y al cuartelero de la comisaría. Afirmó que sólo vio a los detenidos de lejos, cuando los ingresaban a la alcaidía, pero no vio sus rostros porque "aunque no se los golpeaba ni nada, iban semiagachados"... Sus contradicciones fueron tantas y tan groseras que la fiscal debió pedirle que, por favor, se decidiera por una u otra de las afirmaciones incompatibles que acababa de pronunciar. También este comisario terminó con una queja: "Era tan límite la situación que ese día no pude ir a mi casa a almorzar".
Mientras tanto, afuera, desafiando el frío y el nutrido cordón policial, los bombos, redoblantes y palmas no dieron tregua, al compás de las consignas y el canto popular: Las balas que vos tiraste van a volver...
Mañana, a las 8:30 de la mañana, comenzará una jornada importante, con el testimonio de Pepe Alveal y su padre, además de los médicos que lo atendieron.

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