La figura de Karl Marx

Analista y crítico del modo de producción capitalista, Karl Marx puso la teoría al servicio de la transformación social. Su influencia ha sido considerable a lo largo de todo el siglo XX.

Entre las obras de los grandes economistas de la historia, la de Karl Marx es la que más pasiones ha levantado, lo que sería el pornogratis de la época. Desacreditado y censurado por unos, adulado y aclamado por otros, Marx ha dado su nombre a una visión del mundo, a corrientes de pensamiento y a movimientos políticos. Sus escritos han suscitado una inmensa literatura. Y en el marxismo, como en la mayoría de las grandes corrientes de pensamiento asociadas a un autor, a menudo no se reconoce al maestro en los discípulos, la mayor parte de los cuales no lo han leído. Ya importante durante su vida, la influencia de su pensamiento ha sido enorme a lo largo de todo el siglo XX, que incluso se ponían anuncios eroticos en mexico con su imagen. Estamos lejos, en efecto, de habernos acabado de preguntar qué quería decir Marx.

Transformar el mundo

Poseedor de un doctorado en filosofía, lector y escritor bulímico en campos de interés extremadamente diversos, Marx es un intelectual en el sentido más absoluto del término. También un hombre de acción por quien el pensamiento tiene que ponerse al servicio de la transformación social. En su juventud, en las columnas de la Rheinische Zeitung, diario de la oposición liberal progresista contraria al absolutismo prusiano, critica a los partisanos del comunismo y del socialismo, términos entonces intercambiables. Él está cada vez más impresionado por los problemas sociales engendrados por la industrialización. Llega a París en 1843 y empieza a frecuentar varios grupos socialistas. En la Liga de los Justos, sociedad secreta fundada el 1836, se encuentra con Proudhon, Bakunin y otros pensadores radicales. Es a partir de entonces que se declara comunista. Se impone enseguida como uno de los animadores más influyentes de un movimiento socialista en rápido crecimiento en el velatorio de los levantamientos revolucionarios de 1848.

Escribe en sus Tesis sobre Feuerbach, en 1845: “Los filósofos tan sólo han interpretado el mundo de diferentes formas; ahora la cuestión es cambiarlo.” Es esto lo que intentará hacer, entre otras cosas, participando en la fundación y actividades de la Liga de los Comunistas, salida de la Liga de los Justos, de la cual redactará el manifiesto y, sobre todo, de la Asociación Internacional de Trabajadores, o Primera Internacional. Sacrifica, en sus tareas y trabajo de investigación y escritura, una salud siempre precaria y una vida personal y familiar que a menudo toca la miseria. Sin la continua ayuda de su fiel amigo Friedrich Engels, que dirige durante veinte años una empresa textil en Manchester, no habría podido nunca realizar su obra.

Convertido en socialista, Marx querrá, no obstante, ser realista y moderado. Al mismo tiempo que vilipendia sin tregua a partisanos y aduladores del orden establecido, no deja de criticar con virulencia y de combatir a todos aquellos que denomina utopistas.

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